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Siempre me había atraído la tecnología
empleada por la estabilización de imágenes, tanto en binoculares,
como en objetivos fotográficos. Está basada en
micromotores que actúan sobre un pequeño prisma
interpuesto entre el objetivo principal y los prismas traseros
(porros), detectando el movimiento y efectuando las correcciones en
tiempos mínimos para conseguir una visión estable. Está pensado para
minimizar la vibración de nuestro pulso, lo que hace con mucha
efectividad. Los movimientos más bruscos se suavizan, pero no
desparecen, lógicamente. El estabilizar sólo entra en acción cuando
se mantiene presionado un pulsador en la parte superior del cuerpo
del binocular (en otros modelos sólo es necesario una pulsación para
conectar/desconectar).
Aunque existen varios fabricantes que
ya llevan muchos años incorporando la estabilización de imagen en
sus productos, Canon tiene críticas muy favorables en su serie de
binoculares estabilizados. Animado por una promoción que recibí al
comprar la cámara digital (Canon
350D), me decidí por el
modelo 10X30 IS.
Es uno de los modelos
más sencillos
de la serie IS de Canon, pero no
por ello rinde a bajo nivel. La óptica es más que aceptable, sobre
todo por los increíbles recubrimientos que utiliza el fabricante
(Spectra Coatings), que hacen del binocular una
herramienta sorprendente, sobre todo en la observación de la
naturaleza. Existen versiones de óptica de alta calidad,
identificables por la letra “L” en el modelo del binocular. Estas
versiones incorporan vidrios de baja dispersión (denominados UD por
Canon). No obstante, los binoculares sin la clasificación “L”, como
el 10X30 IS, montan
lentes aplanadoras de campo
y ópticas excelentes. La sensación de tridimensionalidad en objetos
terrestres es impactante.
En
2007
se me planteó la posibilidad de un viaje al
hemisferio sur.
Como buen aficionado a la astronomía, me apetecía compatibilizar el
viaje con alguna observación de los cielos australes que, hasta esa
fecha, no había tenido oportunidad de contemplar.
A la vista de las limitaciones de peso
y dimensiones que las compañías aéreas imponen y de los muchos
traslados comprendidos en el viaje, ninguno de mis equipos me
parecía adecuado en ese momento.
La necesidad de transportar siempre un trípode
se convertía en un problema a la hora de moverse por aeropuertos,
donde siempre pueden surgir problemas con estos accesorios. Un
binocular era el equipo más adecuado para este viaje, lo que, unido
a la posibilidad que otorgaba el estabilizador de eliminar el
transporte del trípode, me animó a
elegir este
modelo de Canon.
Aunque pueda pensarse que su uso para
astronomía está muy limitado por su tamaño y abertura, sus 3 cms. de
lente alcanzan para
objetos extensos,
de los que no está desprovisto el cielo sur: nebulosa Eta Carina,
saco de carbón, joyero, nubes de Magallanes, etc. Bajo cielos
oscuros y utilizando la estabilización, las vistas de
la Vía Láctea
en el cielo austral son espectaculares. La percepción del número de
estrellas parece mayor debido al efecto positivo que tiene el
estabilizador, ayudando al ojo a
ganar en profundidad.
Incluso algún revisor del producto llega a comparar su rendimiento
con un binocular 7X50 convencional.
No es un binocular estrictamente
recomendable para astronomía por su limitada abertura. Siempre que
sea posible, hemos de buscar aberturas mayores, como mínimo 50mm. Su
ventaja es que nos permite prescindir del trípode y se convierte en
el
equipo astronómico “ultraportable”, casi de bolsillo, que podemos llevar encima en todos nuestros
desplazamientos. |


Binoculares Canon 10X30 IS estabilizados
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